Europa se queda atrás en el crecimiento de la industria electrónica y TIC

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La industria electrónica y TIC crecerá un 10,3% a nivel global en 2026, impulsada por la inteligencia artificial, mientras que Europa apenas alcanzará un 1,3%. La región pierde competitividad por su escasa presencia en chips avanzados y por la falta de inversiones masivas en semiconductores de última generación.

Un estudio de Crédito y Caución sitúa el crecimiento mundial de la producción electrónica y TIC en un sólido 10,3% en 2026, manteniendo el ritmo del año anterior. Este impulso se explica por el auge de la inteligencia artificial, que se ha convertido en un motor estratégico tanto para empresas como para gobiernos.

Las inversiones en centros de datos, chips avanzados y capacidades de computación continúan acelerándose. En este contexto, las ventas globales de semiconductores crecerán un 18,8% en 2026, tras un notable 22,8% en 2025, impulsadas por los chips de última generación destinados a cargas de trabajo de IA.

El informe advierte de dos amenazas que podrían alterar la cadena de suministro mundial: los aranceles sin exenciones sobre productos electrónicos importados, que encarecerían la producción y ralentizarían la demanda, y el deterioro de las relaciones entre China y Estados Unidos, que afectaría directamente a las cadenas de suministro de TIC y electrónica, altamente dependientes de Asia. Ambos factores podrían frenar el crecimiento previsto y generar nuevas disrupciones en un sector ya tensionado.

 

Europa, rezagada en la carrera tecnológica

A pesar del dinamismo global, Europa se sitúa a la cola del crecimiento, con una previsión de apenas 1,3% en 2026, muy lejos del 10,3% mundial. La zona euro pierde competitividad porque no está especializada en chips de alta gama utilizados para IA, no se observa un boom inversor comparable al de otras regiones, y su industria sigue centrada en chips industriales y automoción, coherentes con su estructura económica, pero insuficientes para liderar la revolución de la IA. Esta situación podría dejar a Europa rezagada en tecnologías críticas para la próxima década.

La Unión Europea ha lanzado una estrategia para revertir esta tendencia. La Ley de Chips prevé una inversión de 43.000 millones de euros para impulsar la producción y la investigación local en semiconductores, con un objetivo ambicioso: alcanzar el 20% de la producción mundial en 2030. Sin embargo, las estimaciones actuales indican que este objetivo será difícil de cumplir, dada la magnitud de la competencia asiática y estadounidense.