“La IA no es el objetivo; es el ariete para transformar el negocio”, Jorge Mazo, V-Valley
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V-Valley apuesta por acompañar al canal en el salto de los proyectos de inteligencia artificial desde la experimentación a la producción, con el partner como figura clave para adaptar las soluciones a las necesidades de cada cliente.
La inteligencia artificial está dejando atrás la fase de curiosidad y experimentación para avanzar hacia su aplicación real en las empresas. Sin embargo, la adopción de esta tecnología sigue diferentes ritmos y plantea nuevos retos para el canal de distribución, que debe combinar conocimiento técnico, capacidad de integración y comprensión del negocio de sus clientes. En este contexto, V-Valley está reforzando su papel como socio tecnológico de los partners a través de iniciativas como R-Evolve AI Tour, cuya segunda parada se celebró en Bilbao.
Jorge Mazo, technical presales and services manager de V-Valley, explica que el objetivo de este recorrido es acercarse a los distribuidores de distintas zonas geográficas y mostrarles cómo el mayorista puede acompañarlos en sus proyectos de transformación. “Queríamos que nuestros clientes y aquellos que todavía no lo son habitualmente nos conocieran, supieran lo que hacemos y, sobre todo, que entendieran que desde V-Valley podemos ser un socio preferente y único para ellos en esta transformación de la inteligencia artificial”, señala.
Del piloto a la producción: tres perfiles de partner
Uno de los principales retos del mercado es conseguir que los proyectos de inteligencia artificial superen la fase de prueba de concepto y se traduzcan en resultados tangibles. Según Jorge Mazo, actualmente conviven tres perfiles de empresas y partners: quienes empiezan a explorar las posibilidades de la tecnología, quienes ya están desarrollando pilotos y quienes han conseguido llevar sus iniciativas a producción. “Estamos viendo tres tipos de clientes: el curioso, que todavía no ha dado el paso hacia una transformación de su negocio; el que ya está en el piloto y está comprobando qué funciona y qué no; y el que ya lo está llevando a producción”, explica.
Aunque el número de organizaciones que ya obtiene resultados reales sigue siendo minoritario, el responsable de V-Valley observa una evolución positiva. La mayor parte de los partners se encontraría actualmente en la fase de experimentación y prueba de concepto, mientras aumenta progresivamente el grupo que avanza hacia despliegues efectivos. “Probablemente, el grueso de los partners ya está en esa segunda fase. Primero viene la experimentación propia: los partners, como nosotros, experimentamos con nuestros propios agentes y aplicaciones de inteligencia artificial para adquirir conocimiento y poder trasladarlo a sus clientes”, apunta.
Este aprendizaje interno resulta especialmente importante porque no existe una solución universal que pueda aplicarse de la misma manera en todas las organizaciones. “Cada caso en cliente final va a ser diferente. No puedes ejecutar una sola aplicación de inteligencia artificial, un solo agente, y ponerlo a todos tus clientes. Vas a tener que adaptarlo a cada uno de ellos”, advierte Mazo.
La transición hacia la producción exige, por tanto, combinar experimentación, conocimiento del entorno tecnológico y capacidad para identificar dónde puede aportar valor la IA. El objetivo no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en conseguir que estas contribuyan a mejorar los procesos y los resultados empresariales.
La IA como instrumento de transformación del negocio
Para Jorge Mazo, uno de los principales errores al abordar la inteligencia artificial es convertir la propia tecnología en el objetivo del proyecto. A su juicio, el foco debe situarse en la transformación del negocio y en las mejoras que las empresas pueden conseguir mediante su aplicación. “La IA no es el objetivo, es el ariete. El objetivo es transformar el negocio de nuestros partners y de sus clientes: hacerlo mejor, más rápido, eficaz y automatizado», afirma.
Esta visión también explica la ambición de V-Valley de ayudar al canal a liderar el cambio, en lugar de limitarse a adaptarse a él. La compañía quiere que los distribuidores puedan apoyarse en sus capacidades para diseñar proyectos que respondan a necesidades concretas y que generen beneficios medibles.
En este proceso, el conocimiento especializado se convierte en un factor diferencial. Aunque el interés por la IA es generalizado, nuestro interlocutor considera que todavía existe margen para mejorar la especialización necesaria para trasladar sus posibilidades al entorno empresarial.
El reto no es, por tanto, incorporar inteligencia artificial por el mero hecho de hacerlo, sino identificar qué problemas permite resolver, qué procesos puede optimizar y qué cambios necesita la organización para aprovecharla.
El partner, pieza clave para integrar las soluciones
La creciente diversidad de tecnologías implicadas en los proyectos de inteligencia artificial dificulta que una única figura pueda asumir todas las fases de la transformación. Infraestructura, software, automatización, agentes, servicios cloud y gestión del dato forman parte de un ecosistema en el que las distintas capacidades deben coordinarse.
Jorge Mazo utiliza la imagen de un iceberg para explicar esta complejidad. Las aplicaciones y los agentes son la parte visible, pero debajo existe una base que resulta determinante para que las iniciativas funcionen. “Arriba están los agentes, las aplicaciones y las herramientas, pero lo importante está debajo. Lo importante es el dato, cómo lo tengo estructurado”, subraya.
Esta visión refuerza la necesidad de contar con profesionales capaces de entender el contexto de cada organización y de coordinar las diferentes tecnologías que intervienen en un proyecto. Para este responsable, el partner ocupa una posición privilegiada en esa labor, gracias a su relación con el cliente y a su conocimiento de las particularidades de su negocio. “Es inviable pensar en un despliegue de la IA sin el partner”, sostiene.
El distribuidor no solo aporta cercanía, sino que también puede combinar su propia experiencia con los conocimientos y las soluciones de los fabricantes y mayoristas. Su función consiste en trasladar esas capacidades al cliente y orquestar los recursos necesarios para cada iniciativa. “El partner es la figura clave, porque va a coger toda esa experiencia que muestra el fabricante, junto con la suya propia, y se la va a trasladar al cliente”, afirma.
La transformación digital puede requerir la participación de consultoras, integradores y especialistas de distintas áreas. Por eso, la capacidad de coordinación y la adaptación a cada proyecto adquieren una importancia creciente. En lugar de plantear un modelo cerrado, Jorge Mazo defiende un enfoque en el que los recursos se seleccionen en función de las necesidades reales de cada empresa.
Un mayorista de valor añadido y cercano al canal
En este escenario, V-Valley quiere diferenciarse por su capacidad para combinar proximidad con una estructura técnica amplia. Jorge Mazo considera que la figura tradicional del mayorista ha evolucionado y que su papel actual va mucho más allá de la distribución de productos. “Somos un mayorista de valor añadido, muy cercano al cliente, pero con la potencia de una multinacional. Tenemos una capacidad técnica muy importante y creo que es diferencial”, destaca.
La propuesta de la compañía pasa por poner a disposición de los partners un conjunto de capacidades que puedan utilizar de manera flexible, en función de las características de cada proyecto.
Esta flexibilidad permite que el mayorista intervenga en distintas etapas, desde las fases iniciales de un proyecto hasta su desarrollo y despliegue, según las necesidades del distribuidor. El objetivo es que cada partner pueda apoyarse en las capacidades que realmente necesita, sin tener que adoptar necesariamente una oferta completa.
La confianza, la cercanía y el conocimiento técnico son, para Jorge Mazo, elementos fundamentales de esta relación. El mayorista debe facilitar que los distribuidores puedan ampliar sus capacidades y abordar proyectos más complejos sin perder su papel central en la relación con el cliente.
Una tecnología disruptiva que exige control y criterio
Más allá de las oportunidades de negocio, la expansión de la inteligencia artificial también plantea interrogantes relacionados con la seguridad, el control y el contexto geopolítico en el que se desarrolla esta tecnología.
Jorge Mazo reconoce que se trata de una cuestión que no debe ignorarse. A su juicio, la disrupción que representa la IA obliga a utilizarla con responsabilidad y a establecer las medidas necesarias para garantizar que su implantación se realiza con criterio. “Todas estas tecnologías tan disruptivas exigen un control, una seguridad y, en cierto modo, hacer las cosas bien y con criterio”, señala.
No obstante, este responsable prefiere poner el acento en las posibilidades que ofrece esta tecnología para transformar las organizaciones. Aunque reconoce que existen aspectos negativos que deben controlarse, considera que el potencial de la inteligencia artificial justifica mantener una perspectiva centrada en sus aplicaciones positivas.
El desafío para el canal será convertir ese potencial en proyectos concretos, seguros y adaptados a cada cliente. Para ello, la experimentación deberá dar paso a resultados medibles, y la especialización, la integración y el conocimiento del negocio serán factores decisivos. En esa transición, V-Valley aspira a consolidarse como un socio de referencia para los partners, con el objetivo de que la inteligencia artificial deje de ser una promesa tecnológica y se convierta en una herramienta efectiva de transformación empresarial.