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El sector educativo va a requerir una flexibilidad sin precedentes en sus infraestructuras tecnológicas

  • Opinión

Israel Serrano, Infinidat (2)

La crisis mundial provocada por el COVID-19 ha puesto el e-learning en vanguardia, ya que permite a todos los alumnos el aprendizaje a distancia y la educación online. Los estudiantes utilizan ahora una amplia variedad de plataformas que les facilitan sus tareas de videocomunicación, compartición de archivos, almacenamiento y acceso a datos, etc., así como plataformas centralizadas para enviar o recibir información y otros materiales.

Todas estas tecnologías ya existían en el pasado, pero su uso ha sido mínimo… hasta ahora. Y lo cierto es que la tecnología de e-learning en sí ha evolucionado vertiginosamente en los últimos años. Las herramientas actuales aportan una experiencia única e innovadora, desde gimnasia hasta narración interactiva y colaboración, y permiten diseñar planes de trabajo personalizables para cada estudiante. Pero ahora esta área ha pasado a ser crítica en las instituciones educativas de todo el mundo, y muchos expertos consideran que ha empezado un cambio en el papel del profesor y en la forma de enseñar que ya no se detendrá.

Pero este paso adelante debe llevar aparejado un cambio en el propio diseño de las infraestructuras de TI que apoyan el aprendizaje a distancia, pasando de las sólidas y rígidas infraestructuras predominantes en la actualidad a nuevos modelos que soporten cambios súbitos y permitan un crecimiento flexible de la capacidad. Y para ello, un aspecto esencial será el almacenamiento y la gestión de datos. Ya sea para recuperarse de un desastre, o para adoptar aplicaciones innovadoras que requieren grandes recursos, las infraestructuras de TI de las entidades educativas deben poder crecer -y decrecer- de manera sencilla, rápida y eficiente según sea necesario.

La suposición común de que "cuando llegue el momento compramos", sencillamente no es viable. En su mayoría, los sistemas educativos son públicos e institucionalizados y, por lo tanto, no están preparados para una rápida adquisición de infraestructura. En muchos casos, la compra de infraestructura de almacenamiento requerirá todo un proceso RFP de cientos de miles de euros. Sencillamente, estos sistemas no pueden aumentar –o reducir– sus recursos lo suficientemente rápido como para responder ante emergencias, ya sean médicas o de seguridad.

Educación remota con infraestructuras inteligentes

Si analizamos las infraestructuras típicas de e-learning, claramente tienen un componente de estacionalidad y responden a un modelo de consumo dinámico. Por lo tanto, deberán soportar el consumo bajo demanda y la capacidad de crecer (o decrecer) en función de las necesidades en cada momento. Porque al final los sistemas educativos no podrán transferir hardware rápidamente del punto A al punto B e instalarlo cada vez que necesiten más información. Y, por ende, aunque se gasten millones hoy para permitir un aprendizaje telemático de emergencia de cara a la próxima crisis, en realidad desconocemos cuándo sucederá, por lo que la medida puede convertirse más bien en una carga económica.

La solución a este problema pasa por dos conceptos básicos. En primer lugar, asumir el aprendizaje a distancia como rutina. Durante años, hemos estado hablando sobre la incompatibilidad de los modelos de aprendizaje del siglo XIX con las necesidades del siglo XXI; quizá ésta es la oportunidad de hacer el cambio de una vez por todas.

En segundo lugar, adoptar una infraestructura que permita a los sistemas educativos crecer o decrecer fácilmente cuando sea necesario, y solo cuando sea necesario. Incluso si se elige no ir a la nube, el modelo de consumo en la nube privada debe ser el mismo, debe ser flexible. Y aquí se presenta un problema importante: dado que en el sector educativo los presupuestos suelen ser fijos a lo largo del año, las entidades no pueden recurrir a modelos de consumo por operación (OpEx), y al mismo tiempo, como mencionábamos anteriormente, tampoco pueden basar su crecimiento en la adquisición de nuevos sistemas

Pero están surgiendo nuevos modelos de infraestructura que permiten escalar hasta niveles de varios Terabytes de una forma prácticamente inmediata y al mismo tiempo se ofrecen modelos que eliminan la necesidad de instalar nuevo hardware para crecer. Es lo que se ha dado en denominar Capacity on Demand (COD), que aporta la elasticidad de la nube, con la opción de crecer según sea necesario, pero manteniendo los datos en las instalaciones.  Por ejemplo, una entidad educativa que se tiene que enfrentar a una explosión de datos debido a la nueva coyuntura de formación 100% online, podría utilizar este modelo para incrementar la capacidad bajo demanda y pagar a medida que crecen los requisitos.

En el caso de Infinidat, la idea va un poco más lejos, ya que se proporciona al cliente un sistema al máximo de su potencial, pero sólo se le carga por lo que realmente utiliza. Además, la compañía ofrece la opción de adoptar un modelo OpEx con el programa FLX, una suscripción "todo incluido" que permite aumentar o reducir la capacidad disponible y que luego se factura mensualmente, sin que el usuario tenga que adquirir o gestionar una infraestructura propia.

En conclusión, el futuro de la educación radica en el e-learning. La crisis actual nos lo ha enseñado. Deberíamos plantearnos la hipótesis de que el volumen de aprendizaje a distancia aumentará a medida que más profesores y estudiantes lo incorporen a la cultura diaria. Las nuevas infraestructuras de almacenamiento lo hacen posible con un modelo de consumo flexible que será clave para la educación y su desarrollo en el futuro.

Israel Serrano, Country Manager de Infinidat Iberia