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El camino hacia la recuperación económica está jalonado de cambios monetarios

  • Opinión

Na Ran, imagen

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los EE. UU. han mantenido un pacto con el resto del mundo. Si todos los países usan el dólar para las transacciones globales, los EE. UU. proporcionarán la divisa para mantener en marcha los motores de los negocios, las finanzas y el comercio internacional. Los beneficios de este sistema para EE. UU. refuerzan en gran medida su poder internacional. No obstante, la era del dólar fuerte puede estar tocando a su fin, ya que Donald Trump y la Reserva Federal de EE. UU. parecen decididos a acabar con ella. Un hundimiento del dólar estadounidense podría incluso impulsar el surgimiento de las monedas digitales, en tanto que se buscan nuevas formas de diversificación.

Muchos expertos han señalado que un panorama internacional cambiante, unido al notable déficit presupuestario de los EE. UU., detonará un hundimiento del dólar. Como señala un analista: «La economía estadounidense se ha visto sometida a algunos notables desequilibrios macro durante mucho tiempo, como un índice de ahorro doméstico muy bajo y un déficit por cuenta corriente crónico». «El dólar va a sufrir una caída muy, muy pronunciada», señaló, tras pronosticar una caída del 35% frente a otras grandes divisas en los próximos dos años.

Es probable que el índice de ahorro doméstico siga cayendo, mientras que, al mismo tiempo, los EE. UU. se han embarcado en lo que se ha dado en llamar la «desglobalización», desconectándose del resto del mundo. Eso podría convertirse en una combinación fatal, dado que, como señalan muchos observadores financieros, haría prácticamente inevitable el hundimiento del dólar y dispararía los efectos negativos para los activos financieros de EE. UU. No obstante, los efectos de la desglobalización y la devaluación del dólar no se limitarán a los Estados Unidos. Muchos países han empezado a darse cuenta de que la evolución del dinero en la era digital puede ser una oportunidad para diversificar las divisas internacionales y evitar la inestabilidad fiscal.

La actual retirada comenzó con la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 en EE. UU., que condujo a los conflictos arancelarios entre los Estados Unidos y China. Es probable que la pandemia tenga un efecto negativo a largo plazo aún mayor sobre los negocios, en parte porque los gobiernos comienzan a percatarse de que deben considerar sus recursos de salud pública como exigencias de seguridad nacional.

Sin dejarse amilanar por la realidad, Trump ha impuesto aranceles y cuotas en un intento de reducir el déficit comercial. Los informes sugieren que busca «cancelar» las deudas con China. Como sus predecesores, ha usado el dólar estadounidense como un arma frente a sus enemigos, aplicando o amenazando con sanciones y confiscaciones de activos para dañar a sus rivales geopolíticos, además de presionar repetidamente a la Reserva Federal de EE. UU. para que debilite el valor del dólar. Nada de esto cambiará el déficit comercial, pero todo en conjunto convierte a las alternativas al sistema global basado en el dólar en una opción mucho más interesante.

Cómo las monedas digitales pueden facilitar la diversificación

Algunos sostienen que el mejor candidato a convertirse en la futura divisa de reserva global será digital. El exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, apeló a una nueva moneda de reserva virtual cuyo valor se base en una cesta de divisas globales. Aunque ese camino no está exento de desafíos, puede ayudar a diversificar y evitar la hegemonía o la devaluación arbitraria de una única divisa. En 2019 comenzaron las pruebas piloto de la moneda digital del Banco Central de China, conocida como CBDC, por sus siglas en inglés. Entre las empresas implicadas se incluyen los cuatro principales bancos de propiedad estatal, las tres grandes empresas de telecomunicaciones y Huawei. Dado que la pandemia podría acelerar el declive del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial y, con ello, perjudicar al comercio internacional, cada vez son más los países que buscan alternativas al sistema del dólar.

La economía mundial tras la pandemia tiene visos de convertirse en una economía mucho menos globalizada, con líderes políticos que se oponen a la apertura de una manera nunca vista desde las guerras arancelarias y devaluaciones competitivas de los años 30 del siglo pasado. Los efectos secundarios no serán solo un menor crecimiento, sino también una caída significativa de los ingresos nacionales en todas partes, pero quizás más aún en las economías más grandes y diversificadas.

Para abordar la recuperación, la UE planea abrazar la digitalización con el objetivo de facilitar su llamado «acuerdo ecológico» o Green Deal, y tratar de aprovechar «la digitalización como motor de la descarbonización». El plan de descarbonización digital forma parte de unas propuestas políticas de más amplio alcance destinadas a «preparar a Europa para la era digital». Aunque el plan sigue estando sujeto a cambios, es una clara señal de las intenciones de la Comisión, que señala que «las soluciones digitales nos ayudarán a alcanzar la neutralidad climática en 2050».

Huawei, socio fiable de Europa desde hace 20 años, está listo para apoyar estos esfuerzos. Creemos que las tecnologías digitales pueden favorecer las políticas medioambientales; por ejemplo, en relación con los residuos y el reciclaje. Podrían incluso ayudar a Europa a reducir más CO2 del que emite. Quizá uno de los aspectos en los que la tecnología puede contribuir más notablemente a la descarbonización es a través del poder de los datos. Las áreas potenciales de aplicación son múltiples e incluyen soluciones de transporte digitales, sistemas de energía descentralizados y comunidades inteligentes con neutralidad climática.

Na Ran, Chief Marketing Officer, Western Europe, Huawei Technologies